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* Armadura.
Un motivo de unión, un motivo de separación… Cuando las vestían todo cambiaba, pasaban de ser dos jóvenes sin preocupaciones a ser dos caballeros de Atenea. Pero tenía una cosa clara: se alegraba de tener una armadura de oro, eso le aseguraba una casa fija al lado de la de Virgo…
* Baklava.
Desde que había llegado a Grecia siendo un niño, su propósito había sido integrarse al máximo en ese país, y lo había conseguido: conocía a la perfección todas sus costumbres, sus horarios, su historia y su gastronomía tampoco era un secreto… excepto por el baklava: no quería decir que no le saliera bien, pero siempre el de Aioria le superaría, sus manos conseguían darle un sabor que al caballero de virgo fascinaba…
* Cosmos.
Entrenamiento tras entrenamiento y tras acabar totalmente destrozado, sentir ese cosmos familiar y una voz dulce y calma que le invitaba a ir la casa de al lado a tomar un baño relajante, todavía le producía una sensación de mariposas en la tripa…
* Diosa.
La razón por la que estaban aquí y de esa manera, luchando día tras día para proteger su vida… pero cuando supo que él había decidido morir por ella durante la Guerra Santa Aioria solo albergo odio hacia Atenea y quiso poder hacer un cambio con Hades: la vida de su amor por la de la diosa…
* Exclamación.
No sentía ningún miedo, sabía que ese ataque destrozaría su cuerpo, no le importaba en absoluto que la exclamación de Atenea le arrancara su vida… pero en el último momento notar la presencia del león al otro lado de la puerta le hizo desear que todo fuera un mal sueño y que un milagro parara el ataque de los caballeros renegados…
* Fastidio.
Esa sensación siempre le inundaba cuando todos le recordaban que no podía compararse con el hombre más cercano a los dioses… ¿Ellos que sabían? Fastidio es lo que experimentaba al no poder decir el secreto a voces que Shaka y el mismo guardaban…
* Ganador.
El caballero de virgo siempre le había superado en casi todos los ámbitos, sobre todo en combate: siempre era él el ganador y eso le hacía sentirse hasta cierto punto bien… Pero después llegaba la noche: entonces no era Shaka quién tenía a sus pies al león, sino que era él quien suplicaba más a Aioria…
* Hermano.
No le gustaba tocar ese tema, para él era prohibido. Guardaba su recuerdo dentro de su corazón y nadie tenía derecho a hablar sobre él, pero no pudo más que emocionarse y llorar cuando la virgen se lo dijo: “Aioros estaría orgulloso de ti”.
* Imaginación.
Siempre había vivido con los pies en la tierra y no gustaba mucho de pensar cosas imposibles ni nada por el estilo… pero Aioria había conseguido que potenciara su imaginación una noche tras otra, y había comprendido que nunca está de más darle ese puntillo de sal a las cosas…
* Jazmín.
Había invitado al león a visitar su jardín. Se había llevado un buen tiempo esperando a que llegara y, por fin, tras más de veinte minutos esperando, Aioria apareció con la cabeza gacha. Tenía una pregunta para él. “En tu jardín… no hay jazmines, ¿verdad? Soy… soy alérgico…” Sonrió: ya conocía su punto débil…
* Karma.
No creía en esas tonterías, pero Shaka siempre insistía en hacer bien a los demás para que el karma no te hiciera mal a ti… No creía en esas tonterías hasta que paso lo que paso: se rompió una pierna el día después de haberle puesto una zancadilla a Milo… Eso empezaba a asustarle…
* León.
Hasta hace poco la casa de al lado, donde un insufrible niñato le despertaba siempre peleándose con el guardián de la octava casa… Ahora se lamentaba: lástima no haber descubierto antes el potencial de esa bestia…
* Manzanas.
Le gustaban esas tardes en las que la virgen robaba tiempo de sus meditaciones para ir con él. El pasatiempo favoritos de los dos: coger manzanas… Les gustaban esas tardes en las que el zumo de esas frutas bajaba por sus barbillas y los besos eran más dulces… si eso se podía…
* Nosotros.
Sabían que ya se habían acostumbrado al “yo”, a estar solos y cuidar de uno mismo… pero a ambos le gustaba como sonaba el “nosotros”… Hacía tiempo que se habían acostumbrado a la soledad, pero eso no quería decir que no les gustara formar parte de algo, sobre todo algo tan hermoso…
* Ñonerías.
No le gustaban, definitivamente no iban con su forma de ser… Entonces, Aioria le susurró al oído una, sumamente romántica, para él una duda existencial que pensó el hombre más cercano a los dioses podría resolverle, y mirando a los ojos al león lo pensó: por mucho que le gustara ese hombre, no le agradaba cuando rompía el ambiente con asuntos como esos…
* Octavo.
No quería tener nada que ver con ese número: para empezar, la octava casa, la casa de Milo, ese maldito bichejo venenoso que no le dejaba en paz ni un solo segundo… pero, sobre todas esas cosas, estaba el octavo sentido… Recordar que para despertarlo la luz de esos ojos tan hermosos tuvo que ser extinguida sólo le provocaba un terrible sufrimiento…
* Patriarca.
Sabía que se había puesto de su parte por no soportar la vergüenza de ser llamado traidor, pero cuando al fin descubrió que el Patriarca les había mentido y que Atenea no se encontraba en el Santuario, no pudo seguir con esa farsa… Quiso llevarse consigo al caballero de virgo, pensaba que también había sido engañado, pero las palabras de Shaka le sorprendieron: “Se que algo se puede salvar en él… Déjame que lo intente, quiero ayudarle…”. Bajó la mirada: no podía luchar contra esa decisión… “Los hay con suerte que cuentan con el amor y la compasión de este hombre…”.
* Queimada.
Ningún caballero de oro quiso desaprovechar esa ocasión: Shura había decidido realizar una velada en su casa y eso era algo que no se veía todos los días… El caballero de Capricornio había preparada una bebida típica de su país, dijo que del norte, y querían que la probaran… “Bendita queimada” pensó el león al acabar la noche, cuando Shaka ya se había dormido entre sus brazos, todavía desnudo…
* Roce.
En lo posible, intentaba no mostrar sus sentimientos, lo cual para él no resultaba muy complicado: poseía gran capacidad de autocontrol y ser discreto era otra de sus virtudes… Pero cuando el león pasaba por su lado rápidamente y rozaba delicadamente su mano, no podía evitar excitarse…
* Shaka.
No sabía exactamente el por qué de su nombre, pero tampoco le interesaba. Para él, no era más que algo superficial y falto de significado; ERA, porque al escucharlo en susurros a su odio le produjo una sensación totalmente desconocida para él, convirtiendo su nombre en una de las palabras más dulces que había escuchado nunca…
* Templo.
Se paró en la puerta. No podía, pasar tranquilamente hacia el interior del templo de la virgen era algo que era superior a sus fuerzas, ese cosmos le intimidaba y no se veía capaz de interrumpir la calma que predominaba en el ambiente de la casa de virgo… Se llevó un buen rato a la entrada, mirando las dos estatuas de Buda que la flanqueaban, hasta que una voz del interior le sacó de sus cavilaciones: “Si quieres estar en la puerta, allá tú… Ahora, puede que para cuando entres a mi me duela ya la cabeza y solo quiera descansar…”
* Universo.
Desde niños, se les inculcaba la idea a los aprendices de caballeros de que cada persona tiene un pequeño fragmento de universo en su interior… pero a Aioria le era imposible pensar que en esa mirada azul sólo hubiera un pequeño trozo: en esos ojos se escondían los secretos del universo, la mismísima vía láctea…
* Virgen.
Todos los caballeros dorados bromeaban con Shaka acerca de su título como “caballero de la virgen” pensando que el rubio guardaría para siempre esa virtud… Pero Aioria sabía que todos estaban en un error: Shaka, lejos de ser virgen, era un auténtico experto y él lo había comprobado…
* Ya.
El caballero de leo se enorgullecía de no someterse a la voluntad de nadie: nunca obedecería una sola orden de ninguno de sus compañeros… Aunque Shaka había descubierto que con dos simples letras podía tenerlos a sus pies: ya, un ya que significaba “aquí y ahora”.
* Zapatos.
Aioria tenía mil y uno defectos, y el caballero de virgo bien lo sabía… Con trabajo y tesón había corregido muchos de ellos, pero que el león se quitara los zapatos antes de entrar en su templo para no llenarle el suelo de barro era imposible… “Bueno, creo que por esa sola manía no dejaré de quererle…”.
